Y el Canet Rock bailó hasta que salió el sol

La quinta edición del “nuevo” Canet Rock estuvo marcada por la reivindicación, el baile y el aguante de su público.

Si hubiera que definir el Canet Rock con una palabra sería reivindicación. Fue esa rabia y ansias de cambiar la sociedad la que parió la primera edición allá por 1975. Franco aún vivía y aquella juventud que había madurado al son de la Nova Cançó (movimiento artístico surgido en los sesenta que reivindicaba la lengua y cultura catalanas, prohibidas por el Régimen) quería expresar al mundo su inconformismo. Han pasado cuarenta y tres años y han surgido nuevas batallas que librar, nuevas injusticias por las que protestar. Todas ellas tuvieron cabida en la quinta edición del Canet Rock del siglo XXI.

Tarannà es una palabra en catalán que hace alusión a la manera de ser de alguien. El Canet Rock es un festival con un tarannà muy marcado. Es más català que la sopa de galets (como dirían Els Catarres). Su cartel se lo reparten bandas valencianas y locales, desde nombres conocidísimos como Macaco y La Raíz hasta propuestas más locales como Sense sal. De hecho, el festival es tan conocido entre los països que dos meses antes del gran día colgaban el cartel de sold out con 23.000 entradas vendidas. Incluso el mismo 7 de julio había personas dispuestas a pagar 100 euros por una entrada en la reventa (a nosotras nos costó 35€). Estas cifras son unas pinceladas para explicar por qué es uno de los festivales más populares del territorio.

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Entrada al Canet Rock.

 

Para entender qué lo hace tan especial y por qué sería imposible copiarlo en otra ciudad tienes que entender la cultura del territorio o saberte la letra de Boig per tu o por qué Catalunya té molt poder. Aun así, nunca dejará de sorprender que los valientes de turno formen una torre humana para ver mejor a su grupo o que aún se sigan usando bengalas en ciertas canciones.

 

Música para reivindicar

La reivindicación estaba por todas partes. Lo primero que ves al entrar en el recinto es un gran cartel pidiendo el retorno de los políticos exiliados. Pese a que los colores oficiales del Canet son el naranja y el morado, el amarillo tuvo una presencia importante: en el público con esteladas a modo de capa de superhéroe, en los lazos que lucían algunos artistas-como Francesc Ribera, de Brams- o en los gritos de independencia que se escuchaban entre concierto y concierto. Sea cual sea tu opinión respecto a Cataluña, el Canet sirve para darte cuenta de que algo fuerte está sucediendo, lo suficiente para que 23.000 personas se unan en nombre de la libertad; suya, de sus raperos o de las personas que pierden la vida en el Mediterráneo.

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La primera pancarta que te da la bienvenida cuando entras al Canet Rock.
Empieza el mambo

Sense Sal comenzaron las doce horas ininterrumpidas de música del Canet recordando que aquí se estaba hasta salir el sol. Dieron la primera nota de protesta política emitiendo un mensaje de Valtonyc y los inmigrantes del Open Arms. El lema del festival es disfrutar hasta ver salir el sol y ellos tienen la canción adecuada para eso (Fins que surti el sol).

Precios

El calor era intenso y pegajoso, la sombra escasa. El mogollón aún estaba por llegar (el aforo completo empezó a llenarse a partir de las 20:00) por lo que lxs más espabiladxs aprovecharon para conseguir canetums, la moneda del festi. El tipo de cambio era un canetum = 3€. En euros, el agua estaba a 1,5€, caña de cerveza a 3€ y los combinados se disparaban a 7,5€, 9€ con Burn. En cuanto a la comida, había variedad de food trucks ofreciendo woks a 6€, hamburgesas a 7,5€ o 3€ el Fránkfurt (perrito caliente para lxs castellanoparlantes).

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Camiseta oficial de Pupil·les, una de las bandas emergentes del Canet.
Descorda la camisa que arriba la calor

Pero sigamos con los conciertos, que para es un festival. Las primeras horas estaban dedicadas a grupos que se están dando a conocer, como La Soul Machine y su animado No hi ha stop o Fest-Te L’Estiu y Animal. Le siguió Brams, la banda noventera que vincula a los dos tipos de público fieles al Canet: la juventud catalana y puretas de las primeras ediciones del Canet. Vale, Brams no es un Triana, La Banda Platera del Río o Tequila pero habla el mismo idioma que lxs veteranxs. De hecho era muy tierno ver a familias completas disfrutando del concierto y tarareando las mismas canciones. Fue una lástima que el sonido acallase algunas de las letras, porque sin duda son las que le han hecho durar tanto sin quemarse.

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Funk, reggae y ska fueron los ritmos que presentaron al primer gran conocido de esta maratón musical: Dr Prats. Por supuesto, interpretaron Caminem Lluny, el hit que suena cada dos por tres en todas las radios de Catalunya. Fue muy emotivo el momento de Les Nits no moren mai, canción que versiona el The Nights de Avicii. Como aún seguía el xafogor, el público estaba deseoso de que sonase No t’encantis para hacer volar la camiseta sobre el público. Y así fue.

Els Amics de les Arts, sabedores de que aún quedaba mucha noche por delante, escogieron un repertorio animado. Els Catarres tomaron el relevo con la promoción, su nuevo álbum, Tots els meus principis, que además contiene el que ya es el himno oficial del Canet, Fins que arribi l’alba.

Miquel del Roig, te queremos en más festis

No todo el mérito es de los artistas que forman el cartel. Busca este nombre, Miquel del Roig. Este artista se conoce por su habilidad para hacer versiones ácidas o popurrís de temas populares. La flaca, Benvinguts al hotel Catalonia, Agafant L’Horitzó, L’empordà o incluso esa canción alemana que parece que dice Viva Puigdemont fueron algunas de sus joyitas. Imposible que el ambiente decayese.

Macaco también aprovechó para adelantar temas de su nuevo disco, como Valientes; además de interpretar esas canciones que ya se han convertido en un clásico como Tengo o Moving. El equipo pureta fue el que, principalmente, disfrutó del Mono Loco, que con la tontería sacó su primer trabajo en 1996 ¿A que te sientes mayor?


Lamentablemente no hemos encontrado la muestra queríamos mostrar, una razón máspara ver a este grande en directo.

Incendiaremos el mundo otra vez

Y a la 01:20 de la madrugada llegó La Raíz, una de las bandas más solicitadas en el puesto de merchandising junto con Txarango y ZOO. Ellos sí que saben cómo empezar y terminar un concierto en condiciones. Lxs más fans ya adivinaban que el show se empieza con Entre poetas y presos y se termina con Nos volveremos a ver. Aún así saben cómo emocionar y si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?

Normalmente, entre dos grupos grandes suelen poner una banda emergente para que al público le dé tiempo a cenar y tomarse algo antes de volver. Ese hueco lo ocupó Pupil·les, con sus zascas al patriarcado y letras alentando al empoderamiento. Cantaron su último tema Colps de puny y por supuesto, V, esa oda a la vagina que necesitábamos. Era la primera vez que Natàlia Pons y Mireia Matoses actuaban delante de 23.000 personas y se lucieron de maravilla. Ojalá un día pasen de ser el grupo de transición a cabeza de cartel, el mundo necesita que su mensaje cale hondo.

 

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Natàlia Pons y Mireia Matoses llevan la voz cantante de Pupil·les.

 

La traca final la pusieron ZOO, que están en plena gira y encendieron a su público con Los borbones son unos cabrones; La Señora Tomasa y Txarango. Estos tres tienen el mérito de haber atraído a la gran mayoría del público del nuevo Canet, ese que representa a la Generación Z catalana. Como dato, la entrada estaba permitida a partir de los dieciséis años con autorización y al final de la noche (¿o principio de la mañana?) más de un millennial (servidora) se sintió hasta mayor.

Quien duró hasta ver salir el sol con Txarango se llevó un bonito recuerdo a casa, especialmente con la catarsis de La vuelta al mundo. Pese a las horas intempestivas, estaban más vivos que muchos de los allí presentes. Su buen rollo era muy necesario para el momento vuelta a casa, especialmente si habías llegado a Canet de Mar en tren. Para desesperación de lxs somnolientos, las colas eran kilométricas. Teniendo en cuenta el impacto del Canet Rock, sería buena idea reforzar el transporte público durante esa noche-madrugada.

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La nueva generación del Canet Rock en la misma explanada en la que se sentaron sus padres en los setenta (y un pureta con sombrero).

 

Si aún sigues con el regustillo del Canet Rock, debes saber que ya hay entradas para la edición de 2019, que tendrá lugar el 6 de julio.

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