Festivales pequeños vs festivales grandes

¿Es mejor acudir a un festival grande o a un festival pequeños? Hola, Coachella

En Cabeza de Cartel no tenemos miedo de rodearnos de más de 100.000 personas para ver a Arctic Monekys tocar, al igual que no dudamos en bailar bajo el ritmo de La Raíz y menos de 2.000 espectadores. Lo importante es la música y la organización, por ello vamos a hablar de los distintos tipos de festivales que hay en España, y sobre todo, de esos festivales pequeños que quieren crecer muy rápido y convertirse en Coachella de la noche a la mañana.

Cuando eres pequeño, el progreso lógico es de no moverte nada a empezar a incorporarte sentado en e suelo, para pasar a gatear y posteriormente a andar. Eso es así. Si intentas andar sin gatear, lo más normal es que no seas capaz de sostenerte ni de tener control sobre ti mismo, por lo que solo podrás andar sujeto a la mano de un familiar, es decir, andarás mal.

Esta analogía bien se puede aplicar a los festivales nacionales. El Primavera Sound es un festival con más de quince años de historia, de quince años de mejoras constantes de observar los fallos para convertirlos en aciertos, de cambiar el recinto, aumentar el número de escenarios y el de asistentes. Con tanto tiempo a su espalda, es fácil convertirse en uno de los encuentros musicales mejor organizado del panorama español. Un festival que presume de tener pocas colas -si sabes buscar los baños o barras más vacíos-, de pocos problemas a la hora de volver a casa gracias a un autobús lanzadera que te deja en el centro de la ciudad y en el que no hay masificación, y de una oferta y una ubicación única.

Junto a él tenemos otros tantos festivales que aprende a base de cometer errores, pero que se dejan tiempo para aprender. El niño no gatea y anda en cinco días, si no que hay un proceso.

¿Qué ocurre cuando te apresuras y quieres ser un festival grande?

El mejor ejemplo de esto es el del Mad Cool. Con tan solo 3 ediciones en su espalda se ha convertido en uno de los grandes eventos musicales madrileños reuniendo a más de 120.000 asistentes en sus tres días en la pasada edición. Pero este es uno de sus grandes problemas: querer convertirse en el Coachella español demasiado rápido.

La primera edición se saldó con críticas positivas y un público entregado. Pocos sabían lo que iba a suceder cuando compraron su entrada, por lo que la expectación y las ganas de bailar y disfrutar de la música estaban por encima de todo. Además, cualquier fallo de la organización era salvado con un: es su primera edición, ya mejorarán.

En la segunda comenzaron las críticas, tanto por la organización del evento en sí misma como por la trágica muerte de Pedro Aunión. Este artista aéreo estaba realizando una perfomance en una caja anexa al escenario en el minutos después tocaría Green Day, cuando cayó al vacío falleciendo al instante. La investigación judicial continúa para determinar si se trató de un error humano, y quién tuvo la culpa del mismo. En aquel momento, desde el Mad Cool decidieron continuar con la jornada musical como si nada, y repetir al día siguiente con el resto de artistas. Eso sí, guardando varios minutos de silencio en su memoria mientras sonaba solo ‘Purple Rain’ de Prince.

La polémica llegó entre los que consideraban que la mejor forma de homenajear a este artista era siguiendo con la música al más puro estilo ‘The Show Must Go On’, y los que creían que el festival debía dar por zanjada su segunda edición en ese mismo momento. A partir de aquí se sucedieron las críticas a la organización en redes sociales, sumando a esto los problemas de transporte, de ubicación, de pago con tarjeta, de información,… todo.

Con la tercera aventura recién terminada, -con un área dedicada al arte llamada Pedro Aunión- el Mad Cool ha perdido el rumbo. El cambio de recinto es una buena idea si ya tienes controlado todo lo que sucede en la anterior ubicación con 55.000 abonos a la venta. Cuando sumas 35.000 a esa cifra y un recinto nuevo, tienes que estar seguro de cómo van a ir y a volver los espectadores, de que los accesos funcionen correctamente, de que haya baños suficientes, de que la cobertura sea buena para poder pagar las bebidas, y sobre todo, de que todo, absolutamente todo, lo que ofreces -y de lo que presumes por ser el único festival que lo ofrece- se cumpla. Con estos fallos sobre la mesa, muchos asistentes no notaron las faltas del festival, pero otros, los que tienen peso en redes sociales, sí, y no dudan de hacer el boca a boca pero negativo.

Con la cuarta edición dentro de menos de 365 días, la organización tiene por delante el duro trabajo de limpiar una imagen muy dañada y conseguir que todos los espectadores regresen, o que se sumen otros nuevos. Eso sí, hay que tener claro que un festival no es un concierto en el Teatro Real, fallos va a haber, empujones, colas y mucha gente, es la ley de los festivales.

Oda a los festivales pequeños

El Shikillo, el desaparecido Aupa Lumbreirás, el Canet Rock, el O Son Do Camiño o el Dcode son solo algunos de los festivales de tamaño mediano-pequeño que tenemos en nuestro país. Lógicamente con cada edición estos van aumentando de tamaño y mejorando, pero poco a poco, y es que en un festival pequeño ocurre la magia.

En estos encuentros parece que estás rodeado de familia y amigos, sois pocos por lo que tras varios días acampando ya conoces a la mayoría del camping y es muy fácil socializar. Las colas para acceder al recinto son casi inexistentes y el propio recinto no está masificado. Lo normal es estar delante sin preocuparte de llegar horas antes y sin agobios, bailar es parte de la experiencia musical. Los baños están casi siempre vacíos esperándote, las barras de comida y bebida no tienen la saturación que en otros lugares, y precisamente, al ser tan pequeños, o no hay los temidos tokens o hay que pagar en metálico, con lo que evitas los problemas de falta de cobertura.

Sí, en un festival pequeño es improbable que te encuentres con el vecino del quinto, tu compañero de primaria, ese profesor que te daba clases en la uni o un excompañero de prácticas, pero eso es lo que tiene de bueno. Podrás vivir nuevas aventuras siendo un pionero al acudir a un festival pequeño y, seguramente, menos conocido. La tranquilidad y la familiaridad de estos eventos te gustarán.

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