Moderneo, haters y travesías a Mordor: así es vivir el Primavera Sound por primera vez en la vida

El Primavera Sound se celebró del 30 de mayo al 2 de junio y repartió a a 257 grupos en 13 escenarios. Como para verlos a todos.

No puedes vivir en Barcelona y presumir de melomanía si no has ido al Primavera Sound. Es una incongruencia, como pedir una ensalada en un McDonald’s y pagarla con billetes del Monopoly. El caso es que asistir a la madre de todos los festivales es una carrera de fondo. Desde que confirman cartel hasta que pones tus blancas Adidas en el Parc del Fòrum tienes casi cinco meses para escucharte a los 257 grupos que forman el cartel. Si la cifra abruma, imagina la cantidad de sencillos, álbumes o colaboraciones de cada uno de ellos. Explotas, por supuesto. Peor que una oposición. Con tanta cantidad de información tienes dos opciones: o ser buen estudiante y pegarte un atracón musical para ser esa persona que marcará la ruta musical durante festival o escuchar lo básico y dejarte llevar.
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El Primavera Sound nos da la bienvenida.
Tanto Cris como yo optamos por ser esas curiosas que se presentan a la oposición «a ver cómo es el examen». La decisión tiene sus luces y sombras. Pros: no te agobias ni te preocupas porque se solapen dos artistas, feliz ignorancia la que permite disfrutar del Primavera sin prisas. Contras: si dejas que otra persona te guíe te sometes a sus gustos. Eso quiere decir que a lo mejor buscas caña rockera a ritmo de Ariel Pink o Carpenter Brut y terminas en Cigarrettes after Sex; que será un grupazo pero movidos precisamente no son.
Ir al Primavera Sound por primera vez es una experiencia enorme. En primer lugar, alucinas con el recinto. Él Parc del Forum ocupa son casi 200.000 metros cuadrados de música-40 campos de fútbol. Allá donde vayas hay un concierto al que asistir. Agobia, ya que sabes que no vas a poder verlo todo. Hay quien confiesa haber ido cinco veces al Primavera y no conocer todo el recinto. De primeras cuesta ubicarse y entender el mapa, aunque enseguida te aprendes los nombres de los dos escenarios principales:  Seat y Mango y lo más importante. Si quieres llegar a ellos tienes que irte hasta lo que lxs veteranxs llaman Mordor. Se recomienda calzado cómodo porque vas a gastar suela como nunca lo has hecho y Golum no estará ahí para indicarte ningún atajo. No lo hay.
Pasada la primera impresión, toca hacer memoria de lo que supone desvirgarse del Primavera Sound para dos hijas del punk, rock y (en la intimidad) heavy metal. Así vivimos la experiencia.
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El escenario Ray-Ban con vistas al mar.
Miércoles y Jueves 
Cuando compramos los abonos del Primavera nos advirtieron que la comida y la bebida costaban sus calés. Para que te hagas una idea, el vaso grande de cerveza son 5€, el refresco 2,5€ y la copa 9€.
Antes de que comience el festival de forma oficial (miércoles) se organizan varios conciertos en la sala Apolo y en el mismo Parc del Fòrum (estos últimos gratuitos). Llegamos a Belle&Sebastian, más lentos si los escuchas en Spotify que en directo. Sebastian parecía que acababa de volver de jugar al golf en la Moraleja Green y Belle llevaba discretamente el peso del concierto: coros, teclado, violín… Vamos, que podía haberse hecho con el micro y terminar el concierto ella sola.
Ya conocíamos el escenario Primavera, el más cercano a la entrada. Eran las cinco de la tarde del jueves y había ganas de ver a la confirmación sorpresa del festival: Amaia. Si, la que no hace ni un mes se subía al escenario de Eurovisión a cantar Tu canción con Alfred. Que una triunfita compartiese cartel con Bjork o Nick Cave no sentó bien a algunxs puristas. Si pegabas la oreja escuchabas comentarios del tipo «lo han hecho porque es mainstreeam y eso vende» o «que hace está aquí que no tiene ni disco». Hay que reconocerle a la pamplonica los ovarios de plantarle cara al exigente público del Primavera con un piano y un grupo de músicos como única arma de defensa. Versionó Miedo y Tuyo de Rodrigo Amarante (la intro de Narcos) y encandiló a lxs más tozudxs con el mismo carisma y talento que le ha hecho ganar el concurso televisivo. Lo que dejó claro es que su carrera en el mundo acaba de empezar, que va a por todas y apunta alto, muy alto.


Amaia echándole ovarios.

Amaia dejo con buen sabor de boca pero hacía calor, por lo que una impro de jazz en el Auditori Rockdelux parecía buen plan. Tan pronto como sonó la primera nota de trompeta nos dimos cuenta de que no éramos la clase de público que aprecia una jam de Art Ensemble of Chicago. Las capacidades de una llegan hasta dónde llegan y cuando algo te supera, hay que saber retirarse a tiempo. Además, en ese mismo instante estaban tocando Sparks y The Twilight Sad y aún perduraba el hype de «como mola todo». Nos escapamos a los primeros y, personalmente, es la mejor decisión musical que he tomado en mucho tiempo. El teclista de ese grupo de estrafalarios señores con chaqueta rosa es, literalmente, una momia. Pero menuda marcha tiene el maldito. Cuando escuchamos Angst in my pants o Edith Piaf (said it better than me) supimos que aquello era la decisión acertada. Uno de los grandes descubrimientos del festival, aunque llegamos 30 años tarde.

Después de esta actuación digna de los Oompa Loompas de la fábrica de chocolate de Willy Wonka, volamos a Mordor, donde están los dos escenarios principales. Nos tocaba una noche intensa: The War on Drugs, Bjork y Nick Cave and the Bad Seeds. Lo de Bjork fue como tomarse un bocata de setas alucinógenas y extra de tripis, porque entre la puesta en escena y los hipnotizantes gráficos era imposible no empanarse. Ella vestía como la reina de los faunos y las hadas, con la cara cubierta por un casco flor con forma de vagina. Muy su rollo. Fue una lastima verla desde lejos y sin haber fumado nada previamente, porque la verdad es que eso era para dejarse llevar por sus paranoias y convertirte en un duende más. Si esta fase de empanamiento la rematas con la melancolía de Nick Cave, tienes todas las papeletas de irte a dormir llorando por lo miserable que es tu vida. Era urgente una dosis de adrenalina, de baile, descaro. Y Bad Gyal era el chute perfecto.
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Las placas solares del Fòrum: o te encantan o las odias.
¿Qué que hace una poligonera trapera en el Primavera? Pues lo mismo que C.Tangana, demostrar que el festival tiene ganas de renovarse y llegar a un público más joven. Vamos, convencer a la Generación Z de que en vez de gastarse 180 euros en unas Nike lo hagan en un abono. La jodida se marcó una actuación que ríete tú de Shakira ¿Los mejores momentáneos? Irrumpir en el escenario a lomos de una moto y decir que quien no quiera bailar, se vaya a escuchar «a los de las guitarras». Tremenda.
Viernes
Aunque Bad Gyal nos había dejado muy arriba no había energía para seguir el ritmo de Carpenter Brut. El viernes llegamos con las pilas cargadas y ganas de más. Hubo tiempo para cruzar el puente hasta el chiringuito Aperol y mojar los pies en la playa. Una MUY MALA idea, ya que a las tres de la noche aún sigues quitándote arenilla. Calentamos motores con La Bienquerida. Tengo la firme sospecha de que Ana Fernández-Villaverde Tiene algo que ver con La Vecina Rubia, ya que vestía de amarillo con unas letras rosa Barbie y oye, ese homenaje es sospechoso. J de Los Planetas se unió a la actuación para una interpretación conjunta de No sé cómo te atreves. Un preludio de lo que ocurrió horas más tardes: Migos cancelando concierto (perdieron su vuelo a Barcelona) y un año más, J tocando en el Primavera Sound. Que razón tienen los Sidonie.
Tras La Bienquerida llegó el turno de Father John Misty, otra de las sorpresas agradables del Primavera. Les siguió la cruda realidad de The National, provocando más de una lagrima de emoción con Day I die o Fake Empire. Si después de acordarte de esa persona que te rompió el corazón o los amoríos que no pudieron ser te plantas en Arca, cortocircuitas. Es una de esas performances cuya genialidad no comprendes hasta que la ves con distancia . Aún seguíamos en estado de shock cuando nos mezclamos con el ambiente ravero de  The Black Madonna. No había cuerpo, así que vuelta al bus lanzadera que conecta el Fòrum con Plaça de Catalunya (100% recomendable si duermes en el centro) y a descansar.

Sábado
Era el día gordo del Primavera, el motivo por el que centenares de personas comerían arroz las próximas semanas.  Entre las 21:00 y la 1:45 tocaban Lorde, Arctic Monkeys y ASAP Rocky, un sprint que ríete tú de las clases de spinning. Abrimos boca con Rex Orange County, la banda que debe sonar en todos los bailes de graduación de Estados Unidos. En serio, son la banda sonora de esas pelis que cuentan historias bonitas entre quarterbacks y estudiantes tímidas. Desde ahí viajamos a Francia, donde nos recibe Jane Birkin acompañada de la Orquesta Sinfónica del Vallés. Qué elegancia, que poderí, qué sensualidad. Recordó a su difunto marido, Serge Gainsbourg , a lo largo de toda la actuación y se emocionó por el hecho de cantar con vistas al Mediterráneo. Eso sí, no interpretó Je t’aime moi non plus, que esa la compuso para Brigitte Bardot y el recuerdo no es, precisamente, bonito.
De un concierto de Jane Birkin sales con ganas de masturbarte mientras recorres el reciento con la misma altanería que María Antonieta paseando por Versalles. Una reina se se desplaza a pasos pequeños al Mango, donde aguarda Lykke Li.

De Lykke Li en un festival esperas alegría, baile y buen rollo. Especialmente cuando es el último día, los pies duelen a rabiar y notas el cansancio acumulado de  48 horas sin parar. La sueca hizo un concierto brillante pero un tanto calmado. Hay quien se indignó por que no interpretase Get Some, hubiera sido perfecto para llegar a Lorde con una sonrisa de oreja a oreja (y más cachondas aún, para que negarlo).
Lorde dio la bienvenida al público bramando que aquello era su casa y que en su casa se baila. Cumplió la promesa a medias, no porque hiciera una mala selección, ni mucho menos. Su tónica general no es para hacer el John Travolta precisamente. Aún así, se dejó hacer por sus bailarines y cantó en todas las posturas imaginables. Una Cenicienta en Converse nacida en la Comarca cantando en Mordor. Curiosa ironía.
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Festivalerxs camino a Mordor.
Muchxs sounders no llegaron al final. A sus espaldas se estaba cociendo Arctic Monkeys y no querían perdérselo. Fue, sin duda, el concierto más abarrotado. Empezaron por todo lo alto, con los clásicos Brianstorm y Bet that you look good on The dancefloor. El problema es que había zonas en la que se escuchaban fatal y claro, había que navegar a ciegas entre la marabunta para dar con una calidad de sonido aceptable. Como cuando buscas cobertura desesperadamente porque sabes que vas a recibir una llamada importante.
He de confesar algo. Cuando empezaron a motivarse con su último trabajo me largué. Aprendí otra importante lección festivalera. Si quieres cenar sin colas y sentada en una mesa, hazlo mientras toca un cabeza de cartel. Esta edición el Primavera Sound se ha esmerado en su parte gastronómica (hasta el  y hay que reconocer que es el festival en el que mejor he comido hasta el momento. Nada de kebabs que se repiten o patatas fritas rancias. Si buscabas bien, podías zamparte un hot dog muy digno por cinco euros y cenar como un Sultán por menos de diez. Claro que para averiguar todo esto necesitas recorrer con calma los food trucks. Por suerte, aquel era el momento.
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Food trucks y reciclaje en el Primavera Sound.
A estas alturas de la película había dos opciones: o huir a casa a morir o exprimir la noche hasta las últimas consecuencias. Es ese momento en el que el grupo con el que has festivaleado todos estos días se divide entre viejóvenes que se rinden y motivadxs que van a por todas. Estxs últimxs amanecieron con DJ Coco, un clásico del festival ¿ Que como aguantaron el trajín? Un mago nunca revela sus trucos.
Algunas conclusiones
Sé que esta crónica es más larga que un día sin música pero es que el Primavera da para hablar lago y tendido. Por ejemplo, aún no he abierto el melón de la presencia de mujeres en el cartel. Varios medios se han hecho eco del carácter «feminista» del festival, encarnado en Lorde, Lykke Li o Jane Birkin. Que de los 257 artistas programados 77 sean mujeres no quiere decir que seas un evento paritario. Solo es el 20,64%. En ese campo aún queda muchísimo por hacer, no hay más que ver carteles como el del Viña Rock o el Barcelona Beach Festival, que no tiene ninguna mujer entre el elenco de aclamados DJs nacionales e internacionales que programa. En resumidas cuentas, aunque el Primavera contó con todas estas mujeronas y un envidiable protocolo anti agresiones sexuales (el primero del país), aún queda mucho camino por recorrer.
Otro dato que llama la atención es que el 60% de público extranjero. Por decir, ni el staff de las barras hablaba castellano (el catalán ni mencionarlo). Que el festival más importante de Barcelona no se esmere en programar bandas locales da que pensar. Habría pegado un Els Amics de les Arts o incluso Manel. Cuestión de prioridades.
Finalmente, el recinto estaba plagado de contenedores de colores para reciclar. Sin embargo, los vasos que daban eran de plástico. Quizá podían aprender el MadCool o el Download y diseñar un vaso chulo para rellenar durante la próxima edición. Si hacen eso y continúan con la filosofía de no pagar con tokkens (y ahorrarse toneladas de plástico), tienen el sello eco friendly más que ganado.
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El vaso grande de cerveza del Primavera Sound son 5€. Hagan sus cálculos.
Los abonos de la próxima edición del Primavera Sound ya están a la venta.Programen lo que programen será bueno, así que te recomendamos adelantarte a la subida de precios y pillar los abonos a tiempo.
En portada: el escenario Seat, el más grande junto al Mango.

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